Friday, July 29, 2011

Día 27: No flash, no Medo

     La noche había sido larga.  Nos quedamos hablando con Gonzalo sobre Sierra Leona, filosofando.  Su punto de vista era muy interesante, basado en su buena capacidad de razonamiento, también venía generado por las experiencias vividas en estas tierras en los tres veranos que ha estado ayudando en la misión.  Concluímos con el pensamiento de que en Sierra Leona no hay solución alguna, porque probablemente no haya nada que resolver.  Cuestionábamos nuestra civilización y no creíamos que su modelo fuera exportable.  Lo importante cuando estás aquí no es cambiar su sistema de vida, es ayudar a mejorarla.  Gonzalo utilizaba la expresión, de manera muy acertada, "dar un regalo".  Es cierto, cuando estás trabajando para estas gentes, regalas constantemente; siempre tu tiempo, a veces tus habilidades, otras tus sentimientos, otras cosas materiales... Espero que no me entiendan mal, no me refiero a regalar a la usanza europea, aquí cuando se regala se recibe vida.  El ejemplo que Gonzalo dio para entender esto es fantástico. Una vez vino un hombre con un testículo del tamaño de un melón.  Gonzalo como buen cirujano hizo la operación pertinente para aliviar y sanar al hombre.  Gonzalo regaló su habilidad de cirujano y nuestro hombre pudo subir de nuevo a la palmera a por los cocos que le alimentaban, recibió vida.

    Son las 9:30, y en breve nos montaremos en el coche rumbo a España.  El tiempo no corre a la misma velocidad cuando te sientes así de feliz.  Es como cuando eras niño y los veranos vuelan.  Ahora toca la vuelta a clase... ¡pero qué clase!  La misma rutina para un mismo resultado, un balance a final de mes de nuestros ingresos con respecto a nuestros gastos.  Esa es nuestra clase y la de todos los que nos creemos civilizados.  Da igual el resultado del balance mientras sea positivo, cuanto más positivo más consumirás y por ello serás más féliz.  Pero tu felicidad será ficticia ya que no se basa en lo que quieres, se fundamenta en lo que tienes y muchas veces ni eso, puesto que lo importante es lo que tienes tú y no tiene tu vecino.  Pensamos que trabajamos para vivir y no sabemos ni siquiera como es la vida y por supuesto no sabemos valorarla.  

     Dentro de 30 horas estaremos en España y nuestro pensamiento seguirá aquí.  Tendremos que contentarnos con volver el próximo año y disfrutar de la suerte de vivir este año rodeados de nuestras familias.  Fuimos a Kamabai con 2 maletas y 2 mochilas, volvemos con un petate medio vacío.  Sin embargo, nos llevamos mucho más de lo que trajimos.  Nos llevamos una sensación de libertad que antes no habíamos vivido, nos llevamos la experiencia de ver lo que es vivir sin tener nada y no por ello ser menos feliz.  También el sentimiento de que, dentro de nuestra posibilidades, hemos colaborado con esta gente y ellos nos han correspondido grata y amablemente.  En nuestro petate viajan nuevos amigos y nuevas ilusiones que serán la motivación de nuestro nuevo día a día.

      Finalmente, queríamos agradecer a todos los que han hecho posible nuestra vivencia en Sierra Leona.  Juan Luis y Angelines con su fuerza, su positivismo y su esperanza de un mundo diferente.  Gracias a Manuel, Granpa, y Juan Jesús por acogernos en su casa y dejarnos sentir como si fuese la nuestra.  A todos los Agustinos Recoletos por mantener viva a Kamabai y a todas las misiones que tienen repartidas por el mundo.  A Marco por los momentos vividos y por mostrarnos su nobleza y confianza.  Y por último, a Medo, Yamasa, Dora, Wilson, Musa, Mr. Kanu, Ali Conteh.... y a todos los habitantes de la comarca de Kamabai que nos han enseñado otra forma de pensar, sentir y vivir.

Thursday, July 28, 2011

Día 26: El Compaund.

    Una de las cosas que hace este viaje más especial de lo que ya es, es el hecho de que se desarrolla en una misión católica. Todos hemos visto películas de misioneros predicadores y civilizaciones perdidas y arcanas. Esos misioneros utilizaban un gran crucifijo, que sostenían en alto mintras alzaban sus miradas al cielo. Su función era adoctrinar. Cuando decidimos venir aquí, a la misión, teníamos dudas acerca de cómo un par de jilguerillos revoltosos, se adaptarían a un lugar así. La confianza en Juan Luis fue el factor más determinante para ir con la tranquilidad que nos aseguraba una buena convivencia. Él nos habría avisado si hubiera visto algún tipo de handicap en nuestra presencia. Nada más llegar a Kamabai se esfumaron todos los clichés. En estas líneas, trataremos de describir el signficado de la palabra misión y el valor de aquellos que la hacen posible. Para una comprensión mejor de su significado empezaremos explicando quienes la componen.

    El padre Manuel, Father Manuel, es el prior de la comunidad. Ejerce su liderazgo desde la prudencia. Quizá sea por su origen filipino, ya que es un hombre callado y un gran observador. Observa pacientemente cómo se desarrolla el día a día, siendo el eje que unifica al grupo dándole tranquilidad y solidez. Es una persona alegre, curiosa e inteligente que tan pronto cambia los inversores de las placas fotovoltáicas, gestiona el combustible del compaund o se levanta tempranamente para ir a Makeni a comprar provisiones. Las canas denotan el paso de los años, pero su tersa y nada arrugada piel y su excelente estado físico, crean en él el enigma de su edad. Bajo su tutela se encuentra su gran amigo Jose Luis, Grandpa. Ambos vinieron a Sierra Leona hace unos diez años cuando "en aquel tiempo" empezaba la guerra.





     Grandpa lleva a sus espaldas numerosas experiencias que cuenta mientras come y que todos escuchamos con entusiasmo. Estas experiencias han conformado la personalidad de un hombre luchador, de gran calidad humana y pensamiento libre. Su claridad mental sumada a la sabiduría que otorga la experiencia hace que su función sea dirigir y desarrollar los proyectos que mantienen activa a Kamabai. Su apelativo viene dado por su carisma que tiene entre las gentes de aquí. Acuden a él como si se tratara de su padre y él, como buen padre, los protege acorde a una moralidad bien definida y marcada.

 





  Cerrando el núcleo principal de la misión, se encuentra un jóven mejicano de lacio pelo negro, llamado Juan Jesús. Él es la sangre nueva de la misión. Su mundo interior es amplio. Es amante y conocedor de la naturaleza, detallista, inteligente y jocoso. Quiere mucho a sus compañros a los que cuida con cariño dejando entrever esa protección al prójimo que le caracteriza. Aunque aún es jóven, tiene todas las papeletas para recoger y continuar con el legado de father Manuel y Grandpa, convirtiendose así en father John.




 El resto de la comunidad lo conforman los voluntarios, personas que con iniciativas de muy diversa índole acuden a la misión con diferentes fines, pero con un mismo sentido, ayudar y mejorar las vidas de los que aquí habitan. Marco es un buen ejemplo de ello. Vino a Sierra Leona recién acabada la carrera para implantar un proyecto de investigacion sobre el cultivo de verduras y hortalizas y su posible implantación y cultivo en la zona. Eligió esto, a sabiendas de que dejaría por una larga temporada a su familia y a su novia Gloria, por los cuales profesa una profunda unión. En el período que lleva aquí, ha tenido que hacer frente a situaciones muy difíciles para él y su familia, de las que ha salido fortalecido madurando como persona. Él "hombre excel", es educado, ordenado y con un elegante saber estar que origina un clima agradable alrededor de su persona.Ver como interactúa con las personas y especialmente con los niños, denota en él una sensibilidad especial para con los demás.

     Compartiendo el día a día con todos ellos, nos han hecho ver uno de los pilares de la misión, la vida en comunidad, es decir, convivir con personas de forma familiar de manera que cada uno aporta lo que mejor sabe hacer, se pone al servicio de los demás respetando plenamente la individualidad de cada persona. Cada miembro, desarrolla un rol y todos ellos son capaces de ejercitar cualquier otro si fuese necesario. Nadie prejuzga ni juzga y los posibles conflictos, que nosotros no hemos percibido, seguramente se resuelven abordando directamente el problema. El resultado final es que se crea una verdadera familia, transparente , cohesionada y con unos mismos objetivos. Uno de estos objetivos, es ayudar a quien lo necesita. Esta ayuda puede venir dada de muchas maneras, desde la elaboración de interesantes proyectos a largo plazo, como puede ser crear una escuela de capacitación profesional, hasta la caridad que muchas veces se enfrenta al raciocinio de lo correcto. Esta ayuda siempre es altruista, no esperan nada a cambio, excepto la satisfacción personal de compartir tu vida con los
demás.

    Es en este ambiente, donde sin darte cuenta, encuentras sentimientos que conforman la espiritualidad que motiva diariamente a la comunidad. Cada miembro vive esta espiritualidad de una forma personal y única. La nuestra ha sido sentir que nuestro trabajo y esfuerzo tenía un claro sentido, que se traduce en cada una de las sonrisas que llevamos grabadas en nuestras retinas.

Tuesday, July 26, 2011

Día 25: Atando cabos











Ayer me quedé hasta las 2 de la mañana trabajando en el ordenador.  Todavía nos quedaba por organizar unas fotos y actualizar la base de datos de los apadrinados, elaborar algunos informes que quiero enseñar a Granpa antes de ir a España y redactar el blog.  Cuando me levanté el sueño me tiraba hacía atrás al intentar levantarme.  Lo primero que me vino a la cabeza es que hoy dormiría la siesta, es una técnica de auto-engaño que utilizo en algunos momentos puntuales.  Cuando lo pienso estoy seguro que haré lo que me propongo, pero cuando llega el momento esperado siempre surge algo que me lo impide.  Hoy ha sido así.  Terminamos de comer a la 13:30 aprox y hasta las 18:30 no hemos parado.  Venían los alumnos de secundaria con Mr. Kanu, un hombre serio, organizado y cumplidor que es el encargado que tiene Granpa a cargo de estos chicos.   Muchas fotos, muchas cartas, limpiando el botiquín, haciendo alguna cura y preparando nuestro último envite, el de mañana, nuestro último día en Sierra Leona.




        Es posible que ver que el tiempo se nos echa encima y no acabamos de finiquitar nuestro cometido hace que nuestras sensaciones sean más intensas o estén a flor de piel.  Mientras leíamos algunas de las cartas para averiguar a que curso o alumno pertenecían y así ver su padrino, nos dábamos cuenta de las numerosas tragedias que aquí acontencen.  Niños huérfanos, otros buscando padrino, algunos con familiares muy enfermos y todos intentando sobrevivir.  En esos momentos, tocaban a la puerta y aparecía un joven sonriente con una carta en la mano que quería hacer una "snap" (foto) y al que le teníamos que decir que no al no haber cumplido correctamente con su deber en otras ocasiones.  Aquí las oportunidades no son muchas y cuando las desaprovechas no vuelven.  Diciendo esto al pobre chaval que nos miraba con ojos apenados, se nos retorcía el estómago.  Entonces, me llamó Mr. Kanu y me dijo que un chico de unos 14 años que estaba allí sentado espectante de mis movimientos, era huérfano de padre y madre.  No tenía nada, dormía en donde le dejaban y trabaja en un pequeño "farm" (arrozal).  Todavía me dolía el estómago cuando miraba a aquel chaval.  ¿qué hacer en ese momento? Darle dinero para que pase el día,  la semana, el mes.... Le pregunté a Mr. Kanu qué pensaba que podía hacer yo.  Mr. Kanu, sonrió mientra bajaba su mirada, caviló y me dijo: "Nada, solo quería informarte de su situación".  Me había devuelto astutamente la pelota y mis ojos empezaban a ponerse vidriosos.  Le dije que lo sentía, pero mi labor era ayudar en el proyecto de los apadrinamientos, que no podía hacer nada.  El chico se levantó y vino hacía Mr. Kanu que tradujo mis palabras.  Nos miramos y no pude aguantarle la mirada.  Me fui.


         "No podía hacer nada" ¿realmente no podía?  Podría haber pagado a mi conciencia dándole unos leones que a mí no me suponen nada, pero eso no hubiera sido lo que me gustaría para él.  Me gustaría que tuviese un décimo de las oportunidades que he tenido yo en mi vida.  Seguro que el, en su situación, bien las aprovecharía.  Pero hoy en día, es imposible.  La misión, los padrinos, los sponsors, los voluntarios y la propia sociedad del país no permiten generar oportunidades para todos.  Son pocas las que surgen y muchos las que los necesitan.  Solo algunos tienen la suerte de subirse al tren de alguno de ellas y la mayoría de las veces son ellos mismos los que se bajan y los que intentan volver a subir cuando ven el error cometido.  Otras veces el tren se para, porque el padrino desaparece.  Un ejemplo es Wilson, el trabajador de Granpa que quiere aprender español.  Es evidente que tiene una inteligencia elevada respecto al resto y nos enteramos que no ha ido a la universidad porque ha suspendido todas.  No lo dudo, lo que estoy seguro que un chico equivalente a Wilson en España habría ido a sicólogos, pedagogos y orientadores para hacer que su inteligencia le fuera útil en su vida.  Aquí no, suspendes un año y se acabó tu futuro.  Hoy cuando he ido a quemar basura con él, sacó entre las bolsas un cuaderno de anillas humedecido y lleno de polvo.  Me preguntó si podía quedárselo para sus apuntes de Español le dije que sí; por un momento, me imaginé que podría ser un excelente universitario, luego volví al mundo y  desee que soldar se le diera bien.  



          Nosotros dentro de un día volveremos a España, a nuestra evolucionada sociedad que no valora nada de lo que tiene.  Somos conscientes de que en nuestra vuelta vamos a necesitar de un periodo de adaptación.  Una adaptación a nuestro propio mundo, pero viviendo 20 días en este lugar te das cuenta que los problemas que nos entorpecen el día a día son una burla hacía esta gente, un desprecio.  Además, ver que hay tanto por hacer aquí, allí...., piensen ustedes lo que crean conveniente.

Día 24: Bambay

        A las 4 de la mañana, me desperté. La inquietud por la vuelta, no me dejaba volver a conciliar el sueño.  Cautelosamente cogí la linterna y desee no encontrarme con un murciélago o un "foroclock". El silencio de la noche me pilló desprevenida y al tiempo noté una suave brisa que corría por una de las ventanas de la salita. Estuve pensando en Bambay. Hacía dos días que vino al compaund, quejándose de un fuerte dolor de estómago. Sollozaba y apenas podía mantenerse en pié. ¿Le abríamos dado la medicación adecuada? ¿Estaría mejor hoy? Le dijimos que volviese el domingo y ver entonces cómo se encontraba.

El niño, apareció después de comer. No se encontraba bien. Llorando nos dijo que seguía sintiendo un dolor muy fuerte en el abdomen. Palpándole el estómago, vi que estaba más hinchado que el día anterior.


        Tras darle la medicación, le sentamos en un pupitre que hay en la entrada del compound. Era preciso que descansase. Fui a la casa de huéspedes a coger pinturas y un par de folios.  Inicialmente pensé qué se hace cuando un niño se pone enfermo. Luego recapacité y me di cuenta de que a Bambay no tenía porqué gustarle pintar, e igual ni siquiera sabía que hacer con los folios. Le dimos agua carbonatada, para intentar rehidratarle, ya que llevaba 3 días sin comer. El niño, se nos quedaba mirando sin atreverse a coger las pinturas, ni mover los folios. Juanan, le trazó la casa donde vive Granpa. Pronto empezó a coger confianza y cogió las pinturas. Al poco tiempo, paró de pintar. Le pregunté que si se sentía mejor y él respondió afirmativamente. Poco a poco, empezamos una curiosa conversación. Había unos trabajadores utilizando una motosierra justo detrás de nosotros. Aún así, instintivamente empezamos a hablar en voz baja. Me contó que iba a Class 5. Su madre había muerto. Vivía con su padre, sus abuelos, dos hermanas y 6 hermanos. Según íbamos hablando, se le notaba más relajado. Tímidamente, sonreía y pude ver en sus ojos, que aunque el dolor no remitía, parecía sentírse un poco mejor. 

Por un momento perdí la noción del tiempo. Marco, apareció con los cascos de la moto y decidimos llevar a Bambay a su casa. Cogimos un balón de los que parecen de reglamento, pero que son de plástico. Lo metimos en la  mochila para llevárselo por sorpresa a  los chicos de su poblado, que previamente nos habían dicho que no tenían.

Arrancamos las motos dejando atrás Kamabai. La polvareda y los baches de la carretera, nos hacían cosquillas. Hacía algo de viento, el cual se agradecía.. Percibiendo todavía aquella descarga de adrenalina, llegamos al poblado.  Bambay nos mostró su bafa. Tras recordarle la medicación, dimos el balón a aquellos muchachos, los cuáles aceptaron sin dejar de sonreir.

Salimos del poblado y decidimos marchar sin rumbo, atravesando los poblados cercanos. De nuevo las cosquillas, el viento, la adrenalina.. libertad… En el trayecto, me asaltaba la idea que posiblemente sería nuestro último paseo en moto.  El paisaje era de película.  Nos adentramos en una especie de valle con grandes montañas verdes, cascadas, rapaces desconocidas sobrevolando.  El color verde aquí es mucho más intenso que el de nuestros bosques.

          Llegamos a Bombam.  Nada más entrar vimos un Toyota como el nuestro.  ¡¡Era el nuestro!!  Medo había ido a llevar unos útiles, ya se iba.  Nos comentó que el camino llegaba un poco más lejos y que a partir de que este fuera más agreste nos diéramos la vuelta o fuéramos a pié.  Después de dar unas cuantas vueltas por el pueblo, no encontramos ningún camino así que emprendimos el viaje de vuelta.  Antes paramos a descansar, a oir el silencio en una 




de las escuelas que la misión ha construído por la zona.  La Escuela de Santa Teresa.  Las vistas conjuntaban todo el paisaje que veíamos a la ida.  


Pronto llegaron dos chavales que nos invitaron muy 


amablemente a bañarnos en el río con ellos.  Curiosa invitación pensé.  Les dimos la cámara de fotos para que nos hicieran una instantánea.  Era la primera vez que sostenían un aparato así en sus manos.  Sus caras mostraban la emoción del momento.  Nos hicieron la foto, y la verdad es que saltándose todos los cánones  de cómo debe encuadrarse una foto, está consiguió captar el momento perfectamente.

Arrancamos las motos y volvimos al compound.  Nuestros cuerpos estaban relajados y satisfechos por el día ya pasado.  Volví a pensar en Bambay, cuando llegaron Ángel y Guillermo.  Mañana se van para España y venían a despedirse.  Cenamos huevos fritos, sopa muy muy picosa, patatas fritas y vino.  Con tristeza intercambiamos nuestras señas y nos fuimos a la cama.

Monday, July 25, 2011

Día 23: Hay una carta para ti

"Cuando era pequeña, me gustaba escribir cartas. No era un mero ejercicio de redacción, sino que en mi inocencia, me hacía ilusión pensar en la reacción de sorpresa que tendría la otra persona al recibirla. Días después,  bajaba al portal y miraba en el buzón, para ver si recibía alguna contestación, y en muchas ocasiones,  me subía a casa con las manos vacías, con la inquietud de porqué no recibía respuesta.


Las personas que apadrinan a un niño sienten una inquietud similar a la mía, y muchos de ellos esperan una carta con el ánimo de saber algo de ellos.  A día de hoy, llevamos recogidas alrededor de 150 cartas con este fin. Lo curioso de esta situación, es que la respuesta que van y quieren recibir estos niños, no va a ser otra carta. Será, en el mejor de los casos, el dinero suficiente para la escolarización del próximo año. Destacar que muchas de las cartas que tenemos pertenecen a chicos sin apadrinar, por lo que su futuro escolar del próximo año es incierto o nulo. Los apadrinados tienen edades de entre los 3 y los 15 años. El peso de ellos, se encuentra en las edades más bajas. Estos muchachos, no saben escribir ni dibujar. No tienen ni bolígrafo ni papel, así que sus padres, analfabetos, se ven forzados a pagar unos 1000 leones, a un escriba para que realice dicho trabajo y consecuentemente satisfacer a los padrinos. Mil leones suponen aproximadamente una hora y media de trabajo, lo cual no parece mucho. El problema es que la unidad familiar la constituyen de unas 12 a 15 personas. De las cuales, una o ninguna tienen trabajo remunerado.

Por otro lado, conseguir 150 cartas supone, el trabajo de tres personas durante una semana. Para algunos niños, supone desplazarse 15 ó 20 Km andando para darnos la misiva. Con todo ello estamos consiguiendo el 20 % de las cartas de los apadrinados y un montón enorme de cartas de niños que no tienen padrino por lo que tampoco recibirán la recompensa a los 1000 leones de su inversión. Puede parecer que el 80 % que no entregan cartas lo hacen por desidia. Sin embargo, la realidad es más trágica. Muchos están trabajando en el campo, otros visitando a sus familiares en otras ciudades y la mayoría, como es el caso de Abdulai, no pueden pagar los 1000 leones que el profesor les pide para poder obtener sus notas, consecuentemente no sabe si promociona de curso o no y como se pueden imaginar, si no puede pagar este soborno, no puede pagar a un escriba.

Cuando analizo la situación desde aquí, me pregunto qué sentido tiene pedir que un niño de Sierra Leona te escriba una carta. ¿Merece realmente la pena? Ale y yo llevamos debatiendo sobre ello desde hace días. Mi parte racional aboga a que lo importante es realizar un acto de caridad sin esperar nada a cambio. Ale por otro lado, estando de acuerdo conmigo, opina que además hay que tratar de corresponder la parte  emocional del individuo que es lo que mueve a los padrinos a continuar con esta labor. 

Abrimos aquí el debate al público a ver que opina al respecto. Con vuestras opiniones, intentaremos adaptar y mejorar la relación actual padrino-apadrinado. Si queréis opinar, sólo tenéis que pinchar en comentarios y dejar vuestra opinión. Aquí os lo agradecerán.

Día 22: La otra cara de la Luna

          Después de 15 días no siento el calor, ni la humedad, a veces ni siquiera me doy cuenta de cuando llueve.  Marco me dijo que él tardó más o menos el mismo tiempo en aclimatarse a este entorno.  La piel está pegajosa, da igual las veces que te duches y la crema que te eches, sudas constantemente y se nota cuando pasas la mano sobre tu brazo.  La verdad es que tampoco me doy cuenta cuando sudo, excepto momentos después de haber tragado esa "sopa picosa" que hace Juan Jesús para Father Manuel.  Aclimatarse es una sensación extraña.  Es como negarse a uno mismo.  Estaba convencido de que el calor me anulaba.  Tan solo quince días después de haber llegado, se que no es así.  Lo mismo pasa con la mente.  Creemos que conocemos perfectamente la realidad, al menos, la nuestra propia hasta que ves una que no conocías.  En ese momento tus pilares tiemblan.  Me encanta sentir que el mundo que tengo idealizado no es así, descubrir el nuevo mundo.  Evaluar mis verdades y valores; eliminar las que ya no me valen y coger otras.

            Estar aquí me ha hecho ver, entre otras cosas, que las personas pueden vivir y convivir con la vida como abrigo y nada más.  Los nativos de Sierra Leona son gentes con cualidades muy en desuso en nuestra sociedad.  No son rencorosos.  Saben perdonar y perdonarse.  Esta diferencia es notable cuando te das cuenta que tan solo siete años después de una guerra sangrienta y fatal que destrozó el país y a sus gentes, nadie habla de ello.  Está en su memoria y perdonada por completo.  No hay reproche alguno entre ellos.  Me he dado cuenta que perdonar no está relacionado con olvidar ni claudicar.  Más bien, veo el perdón como una característica de la inteligencia humana que te permite ser  consciente de las diferencias que originan un conflicto, su asimilación y posteriormente la sabiduría que a través del perdón, se asegura la supervivencia de las partes.  Sierra Leona es  pueblo carente de cultura pero con una elevada inteligencia.

            Si hay que destacar una característica de los habitantes de Sierra Leona, es su fortaleza.  Observando a los niños te das cuenta de ello.  Hemos curado heridas y cortes a niños de 10 años que asustaban a todos los blanquitos presentes, mientras ellos sin derramar una lágrima o un gemido, aguantaban el escozor del antiséptico.  Bambay de unos 11 años, es capaz de venir andando 3 kilómetros desde su poblado, Kamasay, con una hernia que apenas le deja ponerse erguido sin haber comido en tres días y descalzo.  Además, son tranquilos y carentes de cualquier estrés.  Si vienen a hablar con cualquiera de nosotros y no estamos, se sientan y esperan sin protestar.  Quizás pasa otro lugareño y se sienta al lado de él y se ponen a hablar.  Si son niños, saben dónde y dónde no pueden estar esperando.  Muchas veces me he acordado, de mis cabreos en una sala de espera del hospital o en el coche esperando a que un semáforo se ponga en verde.  En Sierra Leona solo existe un semáfaro en Freetown y no funciona.

       Esta manera de ser, se traduce en una tolerancia palpable. Hay Limbas y Mandigos, 6 lenguas distintas y varias religiones diferentes.  Viven entre mezclados sin ningún problema.  En Occidente esto no es así.  No me considero racista ni clasista ni nada relacionado con todo aquello que signifique diferenciación y exclusión de unos hacía otros por cualquier motivo.  Pero debo reconocer que comparado con ellos, podría parecerlo.  En Sierra Leona, en un mismo núcleo familiar hay musulmanes y católicos.  Emparentan Limbas con Mandigos.   Muchos de los profesores de las escuelas construídas por la misión (católica) son musulmanes.  Algunos de ellos son, incluso, piezas importantes de los proyectos de desarrollo que la misión tiene.  Esta convivencia, es ejemplo para sociedades donde tener una la lengua mater distinta o haber nacido en una región específica es motivo de diferenciación y clasificación.

         Quizás sea mi ilusión por estar aquí, o sea un simple efecto secundario del contínuo consumo de Malarone, pero creo que aquí la gente es feliz.  Cuando te cruzas con ellos te saludan con una sonrisa de oreja a oreja, como si ese encuentro fortuito fuera algo especial.  Los niños saltan mientras se ríen a carcajadas, con tan solo un calzoncillo medio roto.  No digo que no exista el sufrimiento, existe y es mucho mayor que de donde procedo.  Pero al igual que ese sufrimiento es mayor, la capacidad para transmitir y sentir alegría es mayor.  Por ende, pienso que son felices.  Si no lo son, al menos tienen la elegancia suficiente como para que llevando solo un calzoncillo puesto, lo parezcan.

Saturday, July 23, 2011

Día 21: Sierra Leona: femenino plural.

Quedan tan sólo cinco días para regresar. Recuerdo ahora el día que decidimos venir. Cogimos un mapa de África y localizamos donde estaba Sierra Leona. Igualmente investigamos sobre su número de habitantes, flora y fauna. El kit completo de información del google cuando viajas a un país. Curiosamente la esencia de aquí no está  reflejada por escrito…

Antes de venir nos preguntábamos qué podíamos hacer acá. Nuestra inquietud constante por ser prácticos y rentabilizar nuestra eficacia nos hacía pensar en dividir nuestras tareas en función de aquello que hiciese falta.  Cuando llegamos, nos dimos cuenta de la cantidad de cosas por hacer y vimos poco a poco nuestra labor aquí. Nos hemos encargado de organizar los dos almacenes del botiquín de medicinas y más tarde de realizar reuniones y localizar a los apadrinados en Kamabai, recoger cartas, dibujos y hacer fotos a cada uno de ellos, ayudantes de cocina, arreglar ordenadores, clases de Español con Wilson y Dora…

Aquí, cada día, es diferente. Pese a que hay rutinas establecidas, viendo nuestras posibilidades y teniendo en cuenta nuestra formación nos hemos ido dividiendo tareas.
Si vienes de voluntario a Sierra Leona y tienes una especialidad: óptico, odontólogo, médico, maestro… te facilita y marca tu trabajo a realizar, con lo cual la eficacia y ayuda podría ser del 100 %. De no ser así, te planteas el dilema de qué puedes hacer aquí y cómo puedes ser más útil.

La mayoría de los trabajos a realizar en el compaund, están destinados a los hombres: construir blocks de cemento, acarrear agua, montar y desmontar mercancía… hay muy pocos trabajos específicos que una mujer pueda hacer. Aun teniendo marcado desde el principio nuestra tarea a realizar, ha habido momentos en los cuales, me preguntaba qué hacer, ya que mientras Juanan podía realizar cualquier tarea del compaund, yo no sabía muy bien cómo poder ser más efectiva. Esto ha hecho que ayudase en la cocina, y estableciera una relación más estrecha con algunos lugareños de Kamabai.


Al igual que ha sido diferente la forma de trabajar de ambos, en Sierra Leona es diferente la vida de unos y otros. Las mujeres, trabajan prácticamente todo el día. Van a plantar el arroz, la cazaba o el cacahuete y cuando terminan hacen la comida para la familia. Es muy común en Kamabai encontrarse familias de cómo mínimo 10 miembros, de los cuales curiosamente sólo son de sangre 3 o 4. El resto son niños sin padres, amigos, o hijos de amigos. Todos viven en la misma bafa.

Se ve a las niñas desde muy temprana edad cargar con pesados cestos sobre su cabeza, portando atillos de plúmbeos palos o fruta. Algunas no van a la escuela más que tres o cuatro días al año. Otras, van al colegio hasta que se quedan embarazadas, ya que cuando esto ocurre, les echan de la escuela. Las chicas de Kamabai son madres con 12, 13 años. Esto significa que algunas, en 6º de EPO dejan sus estudios.

El tema del sexo aquí es tratado de una forma especial. No se usa preservativo en las relaciones sexuales, ya que las mujeres piensan que si no hay contacto “carne con carne, sangre con sangre” no hay compromiso. A esto se les suma, la arraigada y dolorosa costumbre de la ablación. Puede que sea de los pocos ejemplos en la historia en que las madres, en lugar de querer evitar que sus hijas sufran lo mismo que sufrieron ellas algún día, perpetren el mismo dolor a sus criaturas, por miedo a enfrentarse a sus propias raíces y a admitir públicamente el rechazo que tienen hacia este acto.

En noviembre del 2005, 15 países africanos firmaron el llamado Protocolo de Maputo en el cual, se prohibía la mutilación genital femenina. Pese a que se dijo que en Sierra Leona había disminuido el porcentaje de mujeres mutiladas, lo cierto es que el 100 % de la población femenina de Kamabai, tienen practicada esta excisión.  Al parecer, aquí se concibe la ablación como el medio para evitar maldiciones,  purificar a las mujeres, y convertirlas en aptas para el matrimonio.

         Ayer, hablaba con Dora y preguntándole por su día a día, me confesó que estaba contenta por ser mujer aquí, aunque ello implicase mucho trabajo. Dora estudia contabilidad y este verano va a seguir trabajando en el Compaund. Pese a ser una chica brillante, el haber nacido aquí condiciona su futuro ya que, si puede, irá a la universidad (si consigue padrino) , pero es muy difícil que tenga más puertas abiertas. Es de las pocas que puede seguir estudiando. Infaustamente, no todas corren esa suerte. La mayoría no se pueden costear continuar con su formación y al ser madres muy temprano, se dedican a sus hijos. Gracias a las becas a través de los apadrinamientos, muchas de ellas conseguirán labrarse un futuro mejor.