Nos montamos en un Toyota junto con Francis, una inspectora de policía secreta, que nos acompañó hasta Makeni. El viaje hasta Makeni fue.... bueno, hay que vivirlo. La velocidad máxima era de unos 20 ó 30 kilómetros hora debido a que los baches eran de una dimensión diferente a la conocida en Europa. Para que os hagáis una idea nuestras cabezas se daban contra el techo del coche y nuestros cuerpos eran lo más parecido a los dummies de los ensayos de seguridad de vehículos. Curiosamente, Francis cayó en un letargo de lo más profundo como si ese tembleque no fuera con ella.... Granpa y Medo bromeaban constantemente entre descripciones, consejos y batallitas varias. Todavían eran las 4 a.m, es decir, las 6 a.m en España cuando de repente un brusco frenado y nuestras cabezas chocaban fuertemente contra el techo del 4x4. Bajo un gran charco había un agujero en el camino que el Toyota atravesó a duras penas. "Mal, mal" dijo Medo, todos nos miramos con la cocorota caliente y una sonrisa en la cara. Bajo esta tesitura, el viaje duró cuatro horas y media para recorrer unos 150 km apróximadamente. Entrábamos en Kamabai sobre las 8 y media. Justo en ese momento llegaban a la misión el grupo de trabajadores de Granpa los cuales, le esperaban para ver si había algún cometido para hoy.
Eran unos quince hombres de edades entre los 16 hasta los 30. Todos ellos, tenían una piel oscura que contrastaba con el blanco de sus dientes al sonreirnos al vernos bajar del coche. Las presentaciones fueron una excusa para que les dijéramos dónde se encontraban los inversores que traíamos y que volverían a dar luz a la misión. Manuel, el prior, es un filipino risueño y prudente al que el paso de los años apenas le han dejado unas canas en su pelo. Nos dió la mano muy correctamente y se fue con las placas a ver si podía poner a funcionar de nuevo las placas solares. Un chico mejicano llamado Juan Jesús nos saludó muy cariñosamente. El no nos preguntó por las placas, por lo que supusimos que no era su labor en la misión. En menos de un minuto, nos encontramos con las maletas en el suelo, un grupo de jóvenes mirándonos y Granpa, Manuel y Juan desaparecidos en sus quehaceres. Granpa nos gritó mientras caminaba en dirección contraria a nuestra posición que dejásemos las maletas en el edificio que había en frente de nosotros, la casa de los voluntarios. Hacía allí nos dirigimos y en ese instante un chico de cabeza afeitada y brillantes ojos azules salió de la casa. Era Marco, un español recién graduado en ingeniería agrícola que está a cargo de las investigaciones que realizan en el invernadero de la misión. El fue quién nos enseñó las instalaciones, nuestra habitación y nos empezó a contar como funcionan las cosas aquí. Granpa vino de repente y nos preguntó cómo vivíamos en casa, si juntos, arrejuntados... Nos miramos riéndonos esperando cualquier reacción de un religioso casi desconocido. Granpa sin mucha más sutileza nos preguntó directamente si queríamos dormir juntos o separados. Nos dejó bien claro su opinión, le daba igual y si el dependía prefería que durmiéramos juntos para así tener otra habitación libre. Nosotros, obviamente, volvimos a reirnos y acabamos montando la cama nupcial con mosquitera incluída y la ayuda de Marco.
En la entrada de la misión hay un gran cartel que pone en grandes letras “Olé Project” con una bandera española. Como siempre que no estás en tu tierra, cuando ves estos símbolos apenas significativos te hacen mucha ilusión. Según entras en la misión lo primero que ves es el workshop, una carpintería con unas cuantas máquinas en dónde realizan las piezas necesarias para el mantenimiento de las instalaciones.
Justo detrás está el invernadero, una gran estructura donde se realizan experimentos para ver qué verduras y hortalizas podrían producirse en este clima. Las tomateras que vimos, nos recordaron a Fresnillo. No eran unas tomateras fuertes y llenas de tomates, más bien todo lo contrario y por ello, el Sr. Antonio con su cerveza en la mano nos vino a la cabeza diciendo “¡cómo mis tomates, ninguno!”. Marco nos explicó las dificultades que entraña producir en estas tierras y poco a poco empezamos a entender la verdadera situación de estas gentes olvidadas.
Fuimos en busca de Granpa el cual estaba con Manuel reparando la instalación de las placas fotovoltaicas. Junto a ellos, estaba Ihatso Agnes una jóven estudiante de enfermería que estaba pidiendo trabajo. Granpa con su estilo saleroso me dijo en español, “llévatela a dar un paseo que estamos intentando arreglar esto”. Así son las cosas por aquí, pro-actividad al poder y ni corto ni perezosos hicimos las presentaciones pertinentes y nos fuimos con nuestra nueva amiga a dar un paseo por el poblado.
En el camino todas las personas con las que nos encontramos, nos saludaban amable y cortésmente en Limba o en Inglés. Todos nos miraban y cuando cruzábamos la mirada nos decían “wali, waliooooo” que en cristiano significa “hola”. Contrariamente a lo que creíamos no venían a pedir nada ni nos atosigaron. Simplemente nos saludaban con respeto y curiosidad. Las casas son lo más parecido a un barrio chabolista, no hay ni una que esté aparentemente con lo mínimo que exigiríamos en España. En todo el país no hay luz, agua potable ni residual. La gente está en la calle o en la puerta de su casita, rodeada de sus animales, cabras y escuálidos pollos por lo general. Ihatso nos dijo que lo normal es que las familias estuvieran formadas por 30 o más sujetos…
A la vuelta, ya eran casi las 12 pm, hora de comer y donde Ihatso estaba invitada. Antes de eso, la chica nos pidió si podía darse una ducha en nuestra habitación, petición a la cual accedimos sin pensarlo. La comida de Sierra Leona está basada en el arroz, aunque en la misión hay de todo. Es increíble ver como nosotros tenemos de todo y los trabajadores que están aquí, a pesar de que comen yuca, arroz y otros alimentos nativos, esperan con ganas nuestras sobras. En un segundo pensamiento, nos damos cuenta que estos son también afortunados ya que la gente que está tras la valla no verán ni las sobras. Es muy difícil explicar esta crudeza a pesar de estar inmerso en ella, y más aún, cuando queriendo subsanarla empiezas a ver que es muy difícil cambiar…. algo.
Después de una pequeña siesta, fuimos a dar de comer a Shenkele, Mandi, Bui, Hada y otros animales que mantienen en la misión. Nos sorprendió mucho ver a Shenkele un bebé de cérvido haciendo lo mismo que cualquier perrillo. Nos perseguía con su rabito meneándose a toda velocidad y las orejitas hacía atrás. En cuanto podía nos daba cabezazos para que le diésemos de mamar y así lo hicimos cuando Juan Jesús nos dio dos biberones llenos de leche. Después de esta experiencia, estuvimos hablando con Granpa y otras tres niñas. Además de su belleza salvaje, destacar que una de ellas con unos 12 años, está becada estudiando y trabajando y además con su pequeño salario ahorraba para dárselo a su madre. Un monja a la cual Granpa le debía 350.000 leones se enteró y se lo dijo a Granpa y ambos quedaron en darle esta cantidad a la niña por su buen hacer quedando la deuda saldada. Es la primera vez que vimos un gesto así en nuestras vidas y fue en un país al que llamamos tercermundista.
En esta conversación cuando le dijimos a Granpa que podíamos ordenar y clasificar las medicinas del almacén del botiquín, hacer fotos a los niños apadrinados y configurar un par de ordenadores que hay sin funcionar. Sin dudarlo, nos dijo que adelante pero nos explicó la dificultad de las fotos ya que los niños se encuentran repartidos por más de 200 aldeas y muchos de ellos estarán muertos o desaparecidos. No obstante, no nos acongojó en absoluto y en cuanto venga Yamasa empezaremos esta labor.
Poco después, Juan Jesús nos llamó para cenar con un “yaaaa” con acento mejicano entrañable. La cena esta hecha con alguna de las sobras de la comida y estaba realmente rica. Lo mejor la sobremesa, en la cual se formó un debate en la que participamos todos y nos dimos cuenta que tan solo unas horas después de habernos conocido, estábamos en una familia compuesta por un filipino, un mejicano, un pamplonica, un madrileño y dos burgaleses con las mismas inquietudes pero orígenes y personalidades muy diferentes.
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