Thursday, July 14, 2011

13 de Julio: Empezando a trabajar y una visita especial

  Después de caer como cestos, debido al cansancio acumulado, nos levantamos sobre las 8.15. No teníamos ni idea de qué hora era, e incluso, pensamos que nos habíamos dormido y era ya la hora de comer.
Desayunamos y nos pusimos manos a la obra con el almacén del botiquín.

  No os podéis ni imaginar los miles de  medicinas, jeringuillas, agujas y utensilios varios específicos , colocados de aquella manera, desparramados, caducados y todo ello , aderezado con arañas y bichos y excrementos de rata y de murciélago. Sin contar con que Catalina y el gato negro, duermen allí y gracias a ellos no tenemos ni ratas ni murciélagos vivos, pero si sus orines amarillentos.

  Al principio, era desesperante , ya que no sabíamos muy bien como colocar aquel maremagnum de cosas, con cierto orden. Así que sin pensarlo dos veces, empezamos a coger cada caja , mirarla, anotar lo que era, su fecha de caducidad y su uso. Estuvimos un rato y después nos pusimos a hacer la comida.

  Preparamos unas lentejas castellanas y carne añeja , super-añeja de vaca, al vino blanco francés. Lo del vino, fue porque no se nos ocurría hacer salsa con los ingredientes que teníamos y echamos mano de ello para darle un toque especial. Mientras cocían ambos guisos, estuvimos tocando la flauta y haciendo percusiones en la encimera y nevera.  Los comensales, no protestaron, lo cual significaba que la comida no estaba del todo mal.


  Después de comer, siestecita y vuelta al almacén, hasta que Marco nos rescató y nos invitó a dar un paseo hacia una aldea cercana. Dicha aldea , se llama Kasassie. El camino fue espectacular. A nuestra izquierda quedaba una montaña, denominada "El elefante" ya que presenta dicha forma. Había palmeras y numerosos árboles tropicales. Arrozales dispersos por ambos lados del camino. Lugareños portando pesados canastos en la cabeza. Y finalmente, el poblado.

  Al entrar,  fue como si nos trasladásemos a otro mundo, a otra época. Las chozas, llamadas bafas, son de barro y ramas. No había tantos animales como en Kamabai, tan sólo gallinas y alguna cabra.  La gente, salía amablemente a nuestro paso, y se mostraron muy cercanos, aunque con cierta distancia.
Al llegar al corazón del poblado, un bebé, de enorme cabeza, corrió a abrazar a Marco. Esto hizo que todos los niños que por allí había, nos rodearan. Dos chicos, adolescentes, Félix y David, de impoluta camisetilla blanca, nos preguntaron nuestros nombres. Destacar, que para ellos es muy importante saber los nombres de las personas que ven para poder dirigirse a ellos de forma correcta.  Nos hicimos fotos con ellos. Al término de cada foto, estaban espectantes y curisosos por ver cómo había quedado, e iban hacía nosotros, y se reían constantemente. Cuando terminamos las fotos, unas mujeres vinieron a nuestro encuentro. Una de ellas portaba en sus brazos un bebé que apenas medía 35 centímetros. y nos pidió que le hiciésemos una foto.  Prometimos volver con un balón y camisetas para hacer un partido de fútbol.

  Como se nos hacía tarde, ya que la hora de la cena es a las 7.30, emprendimos el viaje de vuelta.
Tuvimos una intensa conversación sobre la felicidad y la manera de enfocar la ayuda aquí de una manera más efectiva y salieron varias ideas que llevaremos a cabo en estos días. La noche ya había caído, no llevábamos linternas y la luna iluminaba nuestro paso. De repente, algo nos sorprendió. Una diminuta luz, iba y venía, enfrente de nuestros rostros. Antes de comprobar qué era, vimos muchas más, en el camino y alrededores. Estábamos rodeados de luciérnagas. Los tres contemplamos tan atónitos como maravillados aquel espectáculo. Tan sólo la llamada de Juan Jesús , preocupado por nuestra tardanza, nos hizo aterrizar.

  Apresuramos nuestro paso y en seguida vimos la valla del kompaun. Granpa, Manuel y Juan Jesús nos esperaban con la mesa preparada. Cenamos, y como viene siendo ya todo un ritual, mantuvimos una interesante sobremesa. En mitad de esta agradable velada, empezó a llover, como aquí sólo lo hace.  Litros y litros de agua caían. Es hermoso ver llover acá. Es impresionante ver, cómo después del diluvio no queda ni un pinche charco en el suelo.  Sólo el verdor y brillo de los árboles con una suave temperatura, son los indicios de la lluvia que antes hubo.

  El día llegaba a su fin y nos recogimos a nuestra habitación a descansar.

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