Día 25: Atando cabos
Ayer me quedé hasta las 2 de la mañana trabajando en el ordenador. Todavía nos quedaba por organizar unas fotos y actualizar la base de datos de los apadrinados, elaborar algunos informes que quiero enseñar a Granpa antes de ir a España y redactar el blog. Cuando me levanté el sueño me tiraba hacía atrás al intentar levantarme. Lo primero que me vino a la cabeza es que hoy dormiría la siesta, es una técnica de auto-engaño que utilizo en algunos momentos puntuales. Cuando lo pienso estoy seguro que haré lo que me propongo, pero cuando llega el momento esperado siempre surge algo que me lo impide. Hoy ha sido así. Terminamos de comer a la 13:30 aprox y hasta las 18:30 no hemos parado. Venían los alumnos de secundaria con Mr. Kanu, un hombre serio, organizado y cumplidor que es el encargado que tiene Granpa a cargo de estos chicos. Muchas fotos, muchas cartas, limpiando el botiquín, haciendo alguna cura y preparando nuestro último envite, el de mañana, nuestro último día en Sierra Leona.

Es posible que ver que el tiempo se nos echa encima y no acabamos de finiquitar nuestro cometido hace que nuestras sensaciones sean más intensas o estén a flor de piel. Mientras leíamos algunas de las cartas para averiguar a que curso o alumno pertenecían y así ver su padrino, nos dábamos cuenta de las numerosas tragedias que aquí acontencen. Niños huérfanos, otros buscando padrino, algunos con familiares muy enfermos y todos intentando sobrevivir. En esos momentos, tocaban a la puerta y aparecía un joven sonriente con una carta en la mano que quería hacer una "snap" (foto) y al que le teníamos que decir que no al no haber cumplido correctamente con su deber en otras ocasiones. Aquí las oportunidades no son muchas y cuando las desaprovechas no vuelven. Diciendo esto al pobre chaval que nos miraba con ojos apenados, se nos retorcía el estómago. Entonces, me llamó Mr. Kanu y me dijo que un chico de unos 14 años que estaba allí sentado espectante de mis movimientos, era huérfano de padre y madre. No tenía nada, dormía en donde le dejaban y trabaja en un pequeño "farm" (arrozal). Todavía me dolía el estómago cuando miraba a aquel chaval. ¿qué hacer en ese momento? Darle dinero para que pase el día, la semana, el mes.... Le pregunté a Mr. Kanu qué pensaba que podía hacer yo. Mr. Kanu, sonrió mientra bajaba su mirada, caviló y me dijo: "Nada, solo quería informarte de su situación". Me había devuelto astutamente la pelota y mis ojos empezaban a ponerse vidriosos. Le dije que lo sentía, pero mi labor era ayudar en el proyecto de los apadrinamientos, que no podía hacer nada. El chico se levantó y vino hacía Mr. Kanu que tradujo mis palabras. Nos miramos y no pude aguantarle la mirada. Me fui.

"No podía hacer nada" ¿realmente no podía? Podría haber pagado a mi conciencia dándole unos leones que a mí no me suponen nada, pero eso no hubiera sido lo que me gustaría para él. Me gustaría que tuviese un décimo de las oportunidades que he tenido yo en mi vida. Seguro que el, en su situación, bien las aprovecharía. Pero hoy en día, es imposible. La misión, los padrinos, los sponsors, los voluntarios y la propia sociedad del país no permiten generar oportunidades para todos. Son pocas las que surgen y muchos las que los necesitan. Solo algunos tienen la suerte de subirse al tren de alguno de ellas y la mayoría de las veces son ellos mismos los que se bajan y los que intentan volver a subir cuando ven el error cometido. Otras veces el tren se para, porque el padrino desaparece. Un ejemplo es Wilson, el trabajador de Granpa que quiere aprender español. Es evidente que tiene una inteligencia elevada respecto al resto y nos enteramos que no ha ido a la universidad porque ha suspendido todas. No lo dudo, lo que estoy seguro que un chico equivalente a Wilson en España habría ido a sicólogos, pedagogos y orientadores para hacer que su inteligencia le fuera útil en su vida. Aquí no, suspendes un año y se acabó tu futuro. Hoy cuando he ido a quemar basura con él, sacó entre las bolsas un cuaderno de anillas humedecido y lleno de polvo. Me preguntó si podía quedárselo para sus apuntes de Español le dije que sí; por un momento, me imaginé que podría ser un excelente universitario, luego volví al mundo y desee que soldar se le diera bien.
Nosotros dentro de un día volveremos a España, a nuestra evolucionada sociedad que no valora nada de lo que tiene. Somos conscientes de que en nuestra vuelta vamos a necesitar de un periodo de adaptación. Una adaptación a nuestro propio mundo, pero viviendo 20 días en este lugar te das cuenta que los problemas que nos entorpecen el día a día son una burla hacía esta gente, un desprecio. Además, ver que hay tanto por hacer aquí, allí...., piensen ustedes lo que crean conveniente.
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