Saturday, July 23, 2011

Día 21: Sierra Leona: femenino plural.

Quedan tan sólo cinco días para regresar. Recuerdo ahora el día que decidimos venir. Cogimos un mapa de África y localizamos donde estaba Sierra Leona. Igualmente investigamos sobre su número de habitantes, flora y fauna. El kit completo de información del google cuando viajas a un país. Curiosamente la esencia de aquí no está  reflejada por escrito…

Antes de venir nos preguntábamos qué podíamos hacer acá. Nuestra inquietud constante por ser prácticos y rentabilizar nuestra eficacia nos hacía pensar en dividir nuestras tareas en función de aquello que hiciese falta.  Cuando llegamos, nos dimos cuenta de la cantidad de cosas por hacer y vimos poco a poco nuestra labor aquí. Nos hemos encargado de organizar los dos almacenes del botiquín de medicinas y más tarde de realizar reuniones y localizar a los apadrinados en Kamabai, recoger cartas, dibujos y hacer fotos a cada uno de ellos, ayudantes de cocina, arreglar ordenadores, clases de Español con Wilson y Dora…

Aquí, cada día, es diferente. Pese a que hay rutinas establecidas, viendo nuestras posibilidades y teniendo en cuenta nuestra formación nos hemos ido dividiendo tareas.
Si vienes de voluntario a Sierra Leona y tienes una especialidad: óptico, odontólogo, médico, maestro… te facilita y marca tu trabajo a realizar, con lo cual la eficacia y ayuda podría ser del 100 %. De no ser así, te planteas el dilema de qué puedes hacer aquí y cómo puedes ser más útil.

La mayoría de los trabajos a realizar en el compaund, están destinados a los hombres: construir blocks de cemento, acarrear agua, montar y desmontar mercancía… hay muy pocos trabajos específicos que una mujer pueda hacer. Aun teniendo marcado desde el principio nuestra tarea a realizar, ha habido momentos en los cuales, me preguntaba qué hacer, ya que mientras Juanan podía realizar cualquier tarea del compaund, yo no sabía muy bien cómo poder ser más efectiva. Esto ha hecho que ayudase en la cocina, y estableciera una relación más estrecha con algunos lugareños de Kamabai.


Al igual que ha sido diferente la forma de trabajar de ambos, en Sierra Leona es diferente la vida de unos y otros. Las mujeres, trabajan prácticamente todo el día. Van a plantar el arroz, la cazaba o el cacahuete y cuando terminan hacen la comida para la familia. Es muy común en Kamabai encontrarse familias de cómo mínimo 10 miembros, de los cuales curiosamente sólo son de sangre 3 o 4. El resto son niños sin padres, amigos, o hijos de amigos. Todos viven en la misma bafa.

Se ve a las niñas desde muy temprana edad cargar con pesados cestos sobre su cabeza, portando atillos de plúmbeos palos o fruta. Algunas no van a la escuela más que tres o cuatro días al año. Otras, van al colegio hasta que se quedan embarazadas, ya que cuando esto ocurre, les echan de la escuela. Las chicas de Kamabai son madres con 12, 13 años. Esto significa que algunas, en 6º de EPO dejan sus estudios.

El tema del sexo aquí es tratado de una forma especial. No se usa preservativo en las relaciones sexuales, ya que las mujeres piensan que si no hay contacto “carne con carne, sangre con sangre” no hay compromiso. A esto se les suma, la arraigada y dolorosa costumbre de la ablación. Puede que sea de los pocos ejemplos en la historia en que las madres, en lugar de querer evitar que sus hijas sufran lo mismo que sufrieron ellas algún día, perpetren el mismo dolor a sus criaturas, por miedo a enfrentarse a sus propias raíces y a admitir públicamente el rechazo que tienen hacia este acto.

En noviembre del 2005, 15 países africanos firmaron el llamado Protocolo de Maputo en el cual, se prohibía la mutilación genital femenina. Pese a que se dijo que en Sierra Leona había disminuido el porcentaje de mujeres mutiladas, lo cierto es que el 100 % de la población femenina de Kamabai, tienen practicada esta excisión.  Al parecer, aquí se concibe la ablación como el medio para evitar maldiciones,  purificar a las mujeres, y convertirlas en aptas para el matrimonio.

         Ayer, hablaba con Dora y preguntándole por su día a día, me confesó que estaba contenta por ser mujer aquí, aunque ello implicase mucho trabajo. Dora estudia contabilidad y este verano va a seguir trabajando en el Compaund. Pese a ser una chica brillante, el haber nacido aquí condiciona su futuro ya que, si puede, irá a la universidad (si consigue padrino) , pero es muy difícil que tenga más puertas abiertas. Es de las pocas que puede seguir estudiando. Infaustamente, no todas corren esa suerte. La mayoría no se pueden costear continuar con su formación y al ser madres muy temprano, se dedican a sus hijos. Gracias a las becas a través de los apadrinamientos, muchas de ellas conseguirán labrarse un futuro mejor. 

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