Friday, July 15, 2011

14 de Julio. El almacén ya casi está terminado.

Marco golpeó la puerta tal y como habíamos quedado si no nos despertábamos a tiempo.  Ninguno de los dos estaba dormido, tan solo dormitando entre la vigilia y el sueño esperando a oír a los trabajadores llegar.  Eran las 8:15 y después de asearnos y pensar que ropa ponernos, aparecimos en la cocina para desayunar oliendo a relec antimosquitos.

En el desayuno hablamos de las tareas que se van a desarrollar a lo largo del día,  Ale con su café bien caliente, mientras Marco y yo con leche fría abríamos galletas integrales varias.  Juan Jesús, siempre atento, nos trajo pan recién horneado.  En cuanto acabamos nos dirigimos hacía el almacén de medicinas.  Allí descubrimos a Crispin Sebastián durmiendo como un ceporro.  A nuestra llegada abrió los ojos y mientras observaba si realmente nos íbamos a quedar en su “habitación”.  Al ver que iba de veras, salió escopetado cuan gato semi-salvaje que es.  Creo que le hemos caído bien, ya que nos visitó un par de veces e incluso, por la tarde, paseaba entre nuestros pies.

Poco a poco fuimos avanzando en nuestra labor y cuando eran casi la hora de comer tuvimos que parar porque la cantidad de medicamentos para desecho nos impedía continuar.  Volvimos a la habitación a darnos una ducha y cambiarnos de ropa.  El olor que traíamos era demasiado fuerte como para comer a nuestro lado.  Aprovechamos y mientras Juanje terminaba de preparar la comida, pusimos una lavadora.  Granpa, se había adelantado y estaba terminando de comer.  Debía volver a Freetown a por Yamasita y las 4 horas y media de viaje le forzaron a ello.  No obstante, no pudo levantarse de la mesa hasta que nosotros íbamos bien avanzados con la vianda y sus comentarios e historietas animaban la comida.  Comimos unas excelentes quesadillas mejicanas, arroz y espaguetis con langosta.  Parece como si hubiéramos ido a un restaurante de alta cousine, pero nada más allá de la verdad.  Ningún restaurante de ese tipo puede igualar un festín como el que tuvimos.  Buenas risas, buena comida y en definitiva un ambiente increíble.

Yo volví a la casa de huéspedes para arreglar un par de ordenadores que no funcionan mientras Alegría fue a dar de comer a los cervatillos.  Estos ya la conocen perfectamente y la educación y reserva inicial ha desaparecido y no hacían más que darle cabezazos para pedirle más biberón.  Los ordenadores, casi arreglados, mañana los tendré preparados.  Por la tarde, la misión descansa un par de horas y nosotros  bajo la mosquitera nos echamos una siestecita. 

Una vez repuestos, volvimos a terminar la tarea.  El almacén parecía otro y una sonrisa delataba nuestra satisfacción.  Cogimos las numerosas cajas para desechos y las sacamos fuera.  Wilson, un nativo con gran interés por mejorar su nivel cultural me dijo: “Fire” a lo que respondí afirmativamente.  Sin preguntar más y se dirigió a por leña mientras terminábamos de sacar todas las cajas.  Alí se juntó al equipo.  Una vez hecho el fuego empezamos a quemar toda aquella basura medicinal, cartones, gasas, vendas… y… un par de cajas de Soltrim inyectable.  Echábamos y echábamos cartones cuando una explosión nos dejo a todos estupefactos.  Un bote de soltrim había estallado como si de una bomba fuera y había salido despedido entre Wilson y Alegría.  “Be careful” grité mientras otro bote casi alcanza a Alí.  Los negritos con una sonrisa de oreja a oreja se reían mientras todos nos alejábamos de aquel polvorín improvisado.  Evidentemente, no echamos más soltrim y horas después todavía estallaba algún bote de las cenizas.

Repartí unas gafas de sol medio roídas y con cristales rotos a Alí el cual se puso unas todo orgulloso y las lucía sonriente a todo aquel que se le acercaba.  Alegría mientras estuvo hablando con Dora, una simpática negrita que está comenzando a trabajar como ayudante de Juanje.  Resulta que Dora estuvo en casa de Angelines hace años y ni ella ni yo nos acordábamos de nuestras caras.  Mientras hablábamos aparecieron dos arco iris de arco completo por encima de la montaña del Elefante.  Impresionante vista.  Era la primera vez que los tres veíamos un doble arco iris completo.


La cena fue diferente.  Se notaba que no estaba el pamplonica de Granpa.  No obstante, pudimos observar como Manuel, siempre callado, tomaba la iniciativa y nos mostró que es un hombre curioso por aprender y con una gran sabiduría.  La cena como siempre exquisita.  Sopa de elote, es decir sopa de verduras con panocha de maíz.  De postre un dulce de maíz envuelto en su hoja que sabía igual que los bizcochos de la abuela Leo.  Preguntamos a Manuel como era Filipinas, cuanta gente habita.. etc y sorprendentemente nos dijo que es el país asiático con la tasa de natalidad más alta.  En total 94 millones de filipinos.  Razón por la cual chinos y americanos se disputan la influencia cultural perdida por España hace mucho tiempo.

Todos volvimos a nuestras habitaciones a recuperar fuerzas para un nuevo día.

Thursday, July 14, 2011

13 de Julio: Empezando a trabajar y una visita especial

  Después de caer como cestos, debido al cansancio acumulado, nos levantamos sobre las 8.15. No teníamos ni idea de qué hora era, e incluso, pensamos que nos habíamos dormido y era ya la hora de comer.
Desayunamos y nos pusimos manos a la obra con el almacén del botiquín.

  No os podéis ni imaginar los miles de  medicinas, jeringuillas, agujas y utensilios varios específicos , colocados de aquella manera, desparramados, caducados y todo ello , aderezado con arañas y bichos y excrementos de rata y de murciélago. Sin contar con que Catalina y el gato negro, duermen allí y gracias a ellos no tenemos ni ratas ni murciélagos vivos, pero si sus orines amarillentos.

  Al principio, era desesperante , ya que no sabíamos muy bien como colocar aquel maremagnum de cosas, con cierto orden. Así que sin pensarlo dos veces, empezamos a coger cada caja , mirarla, anotar lo que era, su fecha de caducidad y su uso. Estuvimos un rato y después nos pusimos a hacer la comida.

  Preparamos unas lentejas castellanas y carne añeja , super-añeja de vaca, al vino blanco francés. Lo del vino, fue porque no se nos ocurría hacer salsa con los ingredientes que teníamos y echamos mano de ello para darle un toque especial. Mientras cocían ambos guisos, estuvimos tocando la flauta y haciendo percusiones en la encimera y nevera.  Los comensales, no protestaron, lo cual significaba que la comida no estaba del todo mal.


  Después de comer, siestecita y vuelta al almacén, hasta que Marco nos rescató y nos invitó a dar un paseo hacia una aldea cercana. Dicha aldea , se llama Kasassie. El camino fue espectacular. A nuestra izquierda quedaba una montaña, denominada "El elefante" ya que presenta dicha forma. Había palmeras y numerosos árboles tropicales. Arrozales dispersos por ambos lados del camino. Lugareños portando pesados canastos en la cabeza. Y finalmente, el poblado.

  Al entrar,  fue como si nos trasladásemos a otro mundo, a otra época. Las chozas, llamadas bafas, son de barro y ramas. No había tantos animales como en Kamabai, tan sólo gallinas y alguna cabra.  La gente, salía amablemente a nuestro paso, y se mostraron muy cercanos, aunque con cierta distancia.
Al llegar al corazón del poblado, un bebé, de enorme cabeza, corrió a abrazar a Marco. Esto hizo que todos los niños que por allí había, nos rodearan. Dos chicos, adolescentes, Félix y David, de impoluta camisetilla blanca, nos preguntaron nuestros nombres. Destacar, que para ellos es muy importante saber los nombres de las personas que ven para poder dirigirse a ellos de forma correcta.  Nos hicimos fotos con ellos. Al término de cada foto, estaban espectantes y curisosos por ver cómo había quedado, e iban hacía nosotros, y se reían constantemente. Cuando terminamos las fotos, unas mujeres vinieron a nuestro encuentro. Una de ellas portaba en sus brazos un bebé que apenas medía 35 centímetros. y nos pidió que le hiciésemos una foto.  Prometimos volver con un balón y camisetas para hacer un partido de fútbol.

  Como se nos hacía tarde, ya que la hora de la cena es a las 7.30, emprendimos el viaje de vuelta.
Tuvimos una intensa conversación sobre la felicidad y la manera de enfocar la ayuda aquí de una manera más efectiva y salieron varias ideas que llevaremos a cabo en estos días. La noche ya había caído, no llevábamos linternas y la luna iluminaba nuestro paso. De repente, algo nos sorprendió. Una diminuta luz, iba y venía, enfrente de nuestros rostros. Antes de comprobar qué era, vimos muchas más, en el camino y alrededores. Estábamos rodeados de luciérnagas. Los tres contemplamos tan atónitos como maravillados aquel espectáculo. Tan sólo la llamada de Juan Jesús , preocupado por nuestra tardanza, nos hizo aterrizar.

  Apresuramos nuestro paso y en seguida vimos la valla del kompaun. Granpa, Manuel y Juan Jesús nos esperaban con la mesa preparada. Cenamos, y como viene siendo ya todo un ritual, mantuvimos una interesante sobremesa. En mitad de esta agradable velada, empezó a llover, como aquí sólo lo hace.  Litros y litros de agua caían. Es hermoso ver llover acá. Es impresionante ver, cómo después del diluvio no queda ni un pinche charco en el suelo.  Sólo el verdor y brillo de los árboles con una suave temperatura, son los indicios de la lluvia que antes hubo.

  El día llegaba a su fin y nos recogimos a nuestra habitación a descansar.

Wednesday, July 13, 2011

12 de Julio. Primer cometido.

  Nuestra llegada fue sencilla y sin complicaciones.  La típica espera en el tránsito y una pequeña confusión justo al salir del aeropuerto de Freetown ya que un funcionario nos pedía las "cleaning cards".  Parece ser que son las pegatinas del equipaje que te pegan en la tarjeta de embarque.  Medo salió a nuestro rescate mientras  rápida y amablemente se hacían las correspondientes presentaciones.  El funcionario seguía empeñado en que le diésemos las cleaning cards.  Finalmente José Luis, "Granpa" para los lugareños, entró en escena con unos cuantos juramentos en español y la suerte de que en esos momentos sacábamos la pegatinas por casualidad del bolsillo.  Ya quedaba menos para llegar a Kamabai.

  Nos montamos en un Toyota junto con Francis, una inspectora de policía secreta, que nos acompañó hasta Makeni.  El viaje hasta Makeni fue.... bueno, hay que vivirlo.  La velocidad máxima era de unos 20 ó 30 kilómetros hora debido a que los baches eran de una dimensión diferente a la conocida en Europa.  Para que os hagáis una idea nuestras cabezas se daban contra el techo del coche y nuestros cuerpos eran lo más parecido a los dummies de los ensayos de seguridad de vehículos.  Curiosamente, Francis cayó en un letargo de lo más profundo como si ese tembleque no fuera con ella....  Granpa y Medo bromeaban constantemente entre descripciones, consejos y batallitas varias.  Todavían eran las 4 a.m, es decir, las 6 a.m en España cuando de repente un brusco frenado y nuestras cabezas chocaban fuertemente contra el techo del 4x4.  Bajo un gran charco había un agujero en el camino que el Toyota atravesó a duras penas.  "Mal, mal" dijo Medo, todos nos miramos con la cocorota caliente y una sonrisa en la cara.  Bajo esta tesitura, el viaje duró cuatro horas y media para recorrer unos 150 km apróximadamente.  Entrábamos en Kamabai sobre las 8 y media.  Justo en ese momento llegaban a la misión el grupo de trabajadores de Granpa los cuales, le esperaban para ver si había algún cometido para hoy.

  Eran unos quince hombres de edades entre los 16 hasta los 30.  Todos ellos, tenían una piel oscura que contrastaba con el blanco de sus dientes al sonreirnos al vernos bajar del coche.  Las presentaciones fueron una excusa para que les dijéramos dónde se encontraban los inversores que traíamos y que volverían a dar luz a la misión.  Manuel, el prior, es un filipino risueño y prudente al que el paso de los años apenas le han dejado unas canas en su pelo.  Nos dió la mano muy correctamente y se fue con las placas a ver si podía poner a funcionar de nuevo las placas solares.  Un chico mejicano llamado Juan Jesús nos saludó muy cariñosamente.  El no nos preguntó por las placas, por lo que supusimos que no era su labor en la misión.  En menos de un minuto, nos encontramos con las maletas en el suelo, un grupo de jóvenes mirándonos y Granpa, Manuel y Juan desaparecidos en sus quehaceres.  Granpa nos gritó mientras caminaba en dirección contraria a nuestra posición que dejásemos las maletas en el edificio que había en frente de nosotros, la casa de los voluntarios.  Hacía allí nos dirigimos y en ese instante un chico de cabeza afeitada y brillantes ojos azules salió de la casa.  Era Marco, un español recién graduado en ingeniería agrícola que está a cargo de las investigaciones que realizan en el invernadero de la misión.  El fue quién nos enseñó las instalaciones, nuestra habitación y nos empezó a contar como funcionan las cosas aquí.  Granpa vino de repente y nos preguntó cómo vivíamos en casa, si juntos, arrejuntados...  Nos miramos riéndonos esperando cualquier reacción de un religioso casi desconocido.  Granpa sin mucha más sutileza nos preguntó directamente si queríamos dormir juntos o separados.  Nos dejó bien claro su opinión, le daba igual y si el dependía prefería que durmiéramos juntos para así tener otra habitación libre.  Nosotros, obviamente, volvimos a reirnos y acabamos montando la cama nupcial con mosquitera incluída y la ayuda de Marco.


En la entrada de la misión hay un  gran cartel que pone en grandes letras “Olé Project” con una bandera española.  Como siempre que no estás en tu tierra, cuando ves estos símbolos apenas significativos te hacen mucha ilusión.  Según entras en la misión lo primero que ves es el workshop, una carpintería con unas cuantas máquinas en dónde realizan las piezas necesarias para el mantenimiento de las instalaciones.

            Justo detrás está el invernadero, una gran estructura donde se realizan experimentos para ver qué verduras y hortalizas podrían producirse en este clima.  Las tomateras que vimos, nos recordaron a Fresnillo.  No eran unas tomateras fuertes y llenas de tomates, más bien todo lo contrario y por ello, el Sr. Antonio con su cerveza en la mano nos vino a la cabeza diciendo “¡cómo mis tomates, ninguno!”.  Marco nos explicó las dificultades que entraña producir en estas tierras y poco a poco empezamos a entender la verdadera situación de estas gentes olvidadas.

            Fuimos en busca de Granpa el cual estaba con Manuel reparando la instalación de las placas fotovoltaicas.  Junto a ellos, estaba Ihatso Agnes una jóven estudiante de enfermería que estaba pidiendo trabajo.  Granpa con su estilo saleroso me dijo en español, “llévatela a dar un paseo que estamos intentando arreglar esto”.  Así son las cosas por aquí, pro-actividad al poder y ni corto ni perezosos hicimos las presentaciones pertinentes y nos fuimos con nuestra nueva amiga a dar un paseo por el poblado.

            En el camino todas las personas con las que nos encontramos, nos saludaban amable y cortésmente en Limba o en Inglés.  Todos nos miraban y cuando cruzábamos la mirada nos decían “wali, waliooooo” que en cristiano significa “hola”.  Contrariamente a lo que creíamos no venían a pedir nada ni nos atosigaron.  Simplemente nos saludaban con respeto y curiosidad.  Las casas son lo más parecido a un barrio chabolista, no hay ni una que esté aparentemente con lo mínimo que exigiríamos en España.  En todo el país no hay luz, agua potable ni residual.  La gente está en la calle o en la puerta de su casita, rodeada de sus animales, cabras y escuálidos pollos por lo general.  Ihatso nos dijo que lo normal es que las familias estuvieran formadas por 30 o más sujetos… 

            A la vuelta, ya eran casi las 12 pm, hora de comer y donde Ihatso estaba invitada.  Antes de eso, la chica nos pidió si podía darse una ducha en nuestra habitación, petición a la cual accedimos sin pensarlo.  La comida de Sierra Leona está basada en el arroz, aunque en la misión hay de todo.  Es increíble ver como nosotros tenemos de todo y los trabajadores que están aquí, a pesar de que comen yuca, arroz y otros alimentos nativos, esperan con ganas nuestras sobras.  En un segundo pensamiento, nos damos cuenta que estos son también afortunados ya que la gente que está tras la valla no verán ni las sobras.  Es muy difícil explicar esta crudeza a pesar de estar inmerso en ella, y más aún, cuando queriendo subsanarla empiezas a ver que es muy difícil cambiar…. algo.

            Después de una pequeña siesta, fuimos a dar de comer a Shenkele, Mandi, Bui, Hada y otros animales que mantienen en la misión.  Nos sorprendió mucho ver a Shenkele un bebé de cérvido haciendo lo mismo que cualquier perrillo.  Nos perseguía con su rabito meneándose a toda velocidad y las orejitas hacía atrás.  En cuanto podía nos daba cabezazos para que le diésemos de mamar y así lo hicimos cuando Juan Jesús nos dio dos biberones llenos de leche.  Después de esta experiencia, estuvimos hablando con Granpa y otras tres niñas.  Además de su belleza salvaje, destacar que una de ellas con unos 12 años, está becada estudiando y trabajando y además con su pequeño salario ahorraba para dárselo a su madre.  Un monja a la cual Granpa le debía 350.000 leones se enteró y se lo dijo a Granpa y ambos quedaron en darle esta cantidad a la niña por su buen hacer quedando la deuda saldada.  Es la primera vez que vimos un gesto así en nuestras vidas y fue en un país al que llamamos tercermundista.

            En esta  conversación cuando le dijimos a  Granpa que podíamos ordenar y clasificar las medicinas del almacén del botiquín, hacer fotos a los niños apadrinados y configurar un par de ordenadores que hay sin funcionar.  Sin dudarlo, nos dijo que adelante pero nos explicó la dificultad de las fotos ya que los niños se encuentran repartidos por más de 200 aldeas y muchos de ellos estarán muertos o desaparecidos.  No obstante, no nos acongojó en absoluto y en cuanto venga Yamasa empezaremos esta labor.

            Poco después, Juan Jesús nos llamó para cenar con un “yaaaa” con acento mejicano entrañable.  La cena esta hecha con alguna de las sobras de la comida y estaba realmente rica.  Lo mejor la sobremesa, en la cual se formó un debate en la que participamos todos y nos dimos cuenta que tan solo unas horas después de habernos conocido, estábamos en una familia compuesta por un filipino, un mejicano, un pamplonica, un madrileño y dos burgaleses con las mismas inquietudes pero orígenes y personalidades muy diferentes.

Tuesday, July 12, 2011

11 de Julio. Primer Día

Es imposible describir tantas sensaciones e impresiones vividas en el día de hoy. Llevamos tan sólo unas horas y la emoción por empezar a trabajar se palpa en el ambiente.
Mañana empezaremos a escribir el  blog.

Buenas noches!