Demasiado zurracapote, pensé al levantarme. La primera mitad de la noche la había pasado soñando con una especie de borrachera febril, seguramente por la herida que tenía en el labio. No recuerdo el sueño, solo que me molestaba todo, la mosquitera, la almohada, la temperatura. No descansé y era evidente cuando tuve que levantarme. Aún así, como suelo hacer en estas ocasiones, dejé de meditar y me incorporé en un movimiento espasmótico similar a cuando te quitas un esparadrapo. Sabes que duele pero si lo haces rápido, duele menos. Ale, ya estaba todo pispireta cantando y aseándose.
Es curioso pero el hecho intencionado de venir sin móvil y sin reloj te hace perder la noción del tiempo. Te das cuenta que en nuestras vidas cotidianas vivimos bajo la tutela del tic-tac. Cumplimos los tiempos como bien nos enseñan desde pequeños. Ahora, nos sentimos entre medio perdidos y desconcertados. Creo que es falta de conocimiento sobre la verdadera libertad. Esa utópica que no depende del señor reloj. No sé, puede que sean florituras dignas de una resaca en toda regla, pero lo que es cierto y palpable es que el ritmo de vida aquí es diferente. No vale la pena hacer muchas cosas, hay que terminar las que empieces. En caso contrario, nadie lo hará por ti y habrás malgastado un tiempo y una energía que se pierde por si sola, constantemente, a través del sudor de la piel.
Ale se fue con Balu una quinciañera aspirante a informática a dar un paseo. Esta labor es muy importante, porque la gente aquí es incomprendida, nadie cuida de nadie. Solo los misioneros y voluntarios. Fueron hasta su casa. En España sería una chavola en la cual viven 12 personas. Mientras, Marco y yo, íbamos al invernadero a ver unas setas que salen allí. En el camino vimos un hermoso camaleón con el que estuvimos juguetando. Adama nos contó que si se cruza un camaleón es signo de buena suerte. Marco y yo sonreímos mientras dejábamos el camaleón en el suelo y veíamos como cambiaba de color según se metía en la espesura.
Apareció Ángel, un español de mediana edad, con los pelos alborotados y medio canosos al igual que su espesa y larga barba. Su rostro era el de un hombre curtido bajo la luz del sol y el viento. Parecía un marinero recién llegado a puerto. Trabaja para una subcontrata de Africa Minerals como mecánico. Vino para 10 semanas y se va el 26. Estaba sentado hablando con Marco en la salita de la casa de huéspedes. Contaba como había tenido que llevar a su assitance, es decir, la persona que le ayuda en todo, al Holy Spirits de urgencia ya que llevaba una semana sin ir a trabajar. Cuando fueron a su casa a verla, estaba medio muerta sangrando por la vagina. En el hospital lo primero que preguntaron fue quién iba a pagar, después le comunicaron que tenía un mioma enorme que había que extraer. Cuando te hospitalizan pagas por lo que van a curar y además la comida y la ropa corren a cargo del paciente. Cada frase que decía cada vez le costaba más. De pronto echó a llorar, pero ninguna lágrima cayó. "Esto es muy duro" repetía con los dedos cerrando sus ojos. Ale, Marco y yo le mirábamos con las tripas cruzadas. Marco siempre amable intentó consolarle y Ángel duro aunque humano volvió a la normalidad a terminar su relato. Todo esto en 10 segundos. Las emociones son así, tan intensas como breves.
Le pregunté por su trabajo, intentando cambiar el tema. Su respuesta fue igual de sorprendente. Resulta que Africa Minerals extrae hierro de la montaña Tonkolili para, parece ser, China. Los chinos para ello están construyendo el único ferrocarril del país. De la montaña al puerto. Llenan miles de contenedores y se los llevan sin procesar a China. Si, si, repito. No se llevan el hierro, se llevan todo. El expolio continua pensé, pero esta vez delante de mis ojos. Ángel hacía pausas en su discurso intentando que las emociones no pudieran a su fortaleza. Aún así, de vez en cuando hacía amagos de llanto, especialmente cuando nos contó la historia de un niño con síndrome de down que ve todos los días cuando va al trabajo. Imagínesen, como puede estar un hombre con down en Sierra Leona, ahora imagínense como lo cuenta un hombre con un hijo en esa misma situación y que no ve desde hace meses.
En ese momento entró Marco, que había salido a por agua, con una cara sobresaltada. Acababa de llegar una niña de unos 8 años con un golpe en la frente. Nos dijo que se había caído de una moto hace unos 4 días. La herida era un corte triangular de unos 2 centrímetros de arista justo en cima de la ceja derecha. La piel estaba secándose y no cubría toda la superficie por lo que la carne blanca resalta sobre su negra piel. Nunca habían limpiado esa herida, era evidente. Alegría, cogío unos guantes de látex y una gasa mientras yo iba al botiquín a por agua oxigenada y unos puntos de sutura. Limpiamos la herida lo mejor que supimos, le pusimos una gasa con esparadrapo y la dimos paracetamol. No encontré los puntos de sutura que yo mismo había colocado hace un día... Tampoco hubiera sabido ponerlos, pero es indudable que si viviera aquí aprendería. No por gusto, por necesidad como todo lo que ocurre en estas tierras.
Antes de cenar, Marco quería enseñarnos un poblado musulmán. Nos fuimos en moto, unas yamaha de 125 cc de campo. De adolescente había conducido la NSR de Ricardo, nada más. No obstante, no teníamos miedo y Ale se montó tan pronto como lo hice yo. En el viaje con el viento dándonos en la cara yendo por un caminito en mitad de la selva, volvimos a experimientar esa sensación de libertad que contaba antes, esa libertad que no habíamos sentido hasta ahora.
El día terminó en un mezcla de sobremesa y mesa de trabajo. Contábamos historias, mientras intentábamos planificar y mejorar los proyectos puestos en marcha así como hacer realidad las ideas que nos iban surgiendo. Nos fuimos a la cama y pensé voy a recuperar el sueño perdido. Me equivoqué, Ale y yo continuamos la charla mientras hacíamos sombra chinescas con una linterna en la mosquitera. Estuvimos un buen rato soñando, hasta que caímos dormidos.
Hoy veníamos de la consulta cabreados por que nos han tardado una hora en atender. Después de leer vuestro relato piensas, meditas e intentas comprender la situación de allí…Te sientes mal por esta diferencia y vuelves a pensar ¿Quién es culpable de todo esto?…quizás el propio ser humano…No lo se. Pero gracias por compartir esta vivencia y hacernos reflexionar un poco.
ReplyDeleteUn bsazo.
César&RBK
Gracias por seguirnos y contestar. Tenemos muchas ganas de veros. A nuestro regreso preparamos una cenita. Besos a los 3!
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